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El futuro es móvil… y ya llegó

02/28/2013 -by:Silvina Moschini , CEO & Founder, Intuic | The Social Media Agency

Anticipada por visionarios como Jeffrey Hawkins, la revolución de Internet móvil ya es una realidad. Cuál es el papel de América Latina y por qué puede ser clave para reducir la brecha digital.


Los números del World Mobile Congress, que se celebra en Barcelona desde el pasado lunes, están superando las expectativas de los propios organizadores. A la enorme afluencia de público, que rondará los 70.000 asistentes, hay que añadirle otros indicadores no menos importantes: 84 empresas españolas, más de 1500 exhibidores de todo el mundo y, sobre todo, las vastas potencialidades que surgen del encuentro entre operadores, fabricantes y expertos.

La magnitud del acontecimiento es una excelente noticia para Barcelona, que podrá seguir presumiendo de ser la Capital Mundial del Móvil hasta 2018. No se trata de un título menor. En los años que llevo viviendo en la ciudad, he sido una testigo privilegiada del vertiginoso crecimiento del World Mobile Congress y aunque su no ha dejado de sorprender a propios y extraños es justo decir que, una década atrás, ya había quién pronosticaba que los dispositivos móviles motorizarían la revolución digital.

Esa persona se llama Jeffrey Hawkins y ya en 2003, cuando pocos vislumbraban la exitosa fusión entre telefonía móvil y acceso a la web, insistía en que el futuro de Internet sería móvil. Hawkins, a quién tuve el placer de conocer en mi paso por Palm Inc, es una personalidad relativamente poco conocida fuera del ámbito tecnológico. Sin embargo, sus aportes a la industria han sido excepcionales. La Academia Nacional de Ingeniería de Estados Unidos reconoció lo que hoy resulta evidente para todos: Hawkins no sólo inventó la Palm Pilot sino que, conceptualmente, instituyó el paradigma de la computación móvil al introducir los primeros dispositivos “comercialmente exitosos” para beneficiarse de ella.


La era post-PC

Admirado hasta por el propio Steve Jobs, Hawkins dejó los cimientos de la llamada “era post-PC”, un período tímidamente abierto por la Palm V y reafirmado más tarde por Blackberry. Hoy, una amplia gama de dispositivos portátiles, cuyo uso se extiende a enorme velocidad en todas las latitudes, están reconfigurando el acceso a la información y el modo en que los seres humanos nos comunicamos entre nosotros.

Los impactos positivos de las tecnologías móviles no dejan de sorprenderme. La transformación del paisaje digital, en la que visionarios como Jobs y Hawkins tuvieron papeles estelares, ha posibilitado democratizar el acceso al conocimiento y acortar la brecha tecnológica entre los países desarrollados y los que están en vías de serlo.

En este sentido, vale la pena echar un vistazo a las estadísticas sobre la penetración de smartphones según regiones. Estos indicadores muestran que una potencia emergente como Brasil ya cuenta con mayor número de teléfono inteligentes que Francia o Alemania. Simultáneamente, la tasa de adopción de este tipo de dispositivos se acentúa en casi todos los países: trepa a un 26% en Egipto y supera el 20% en México.


América Latina y el futuro

Más allá de estos porcentajes, es significativo descubrir que la incorporación de estos dispositivos incide directamente en la adopción de nuevos usos y costumbres. Las conductas de millones de personas, en su doble rol de ciudadanos y consumidores, están cambiando a un ritmo imparable en todas las regiones.

En México, por ejemplo, el 83% de los usuarios de smartphones busca productos y servicios luego de ver anuncios convencionales. Los argentinos, campeones de las redes sociales, acceden a ellas esencialmente desde sus teléfonos y lo hacen en un grado comparativamente mayor que los japoneses (90% contra 63% respectivamente). Casi la mitad de los usuarios de smartphones brasileños (46%), por su parte, utiliza el dispositivo para ver vídeos. Y el 73% se conecta a la web diariamente.

Estos datos son elocuentes acerca del salto tecnológico protagonizado por América Latina, una región dónde la adopción de los dispositivos móviles ha superado todos los pronósticos. Su ejemplo nos sirve para comprender que, más temprano que tarde, otras regiones como África seguirán sus pasos. La consolidación de las infraestructuras de conexión inalámbrica, que según expertos como Max Schleser se convertirán “en un servicio básico” de cualquier ciudad, hará el resto.

En este escenario alentador, la evolución de las tecnologías móviles seguirá su curso. Según los analistas, sus avances continuarán resignificando nuestras nociones de sociabilidad y conectividad. El impacto tendrá incluso su componente “semántico”; de hecho el primer vaticinio del empresario tecnológico Andrew Keen es el fin del término “móvil”, que irá perdiendo su sentido por “obvio y anacrónico”.